Estafas 2.0

Una historia signo del tiempo de globalización y debacle económica que nos ha tocado vivir.

Una persona, llamémosle X, sufre el robo de sus datos de acceso a su banco a través de Internet. No nos importa cómo, mediante phishing -suplantando la web de su banco-, mediante programas que capturan y envían pulsaciones de teclas, quebrantando la seguridad de su red inalámbrica doméstica…de mil posibles maneras y desde Dios sabe dónde.

Poco después, otras personas, llamémosles Y y Z aceptan una sugerente oferta de empleo a través de Internet en la que se les promete unos ingresos a cambio de un trabajo sencillo que podrán llevar a cabo desde la comodidad de su hogar.

El trabajo consistirá en gestionar transferencias internacionales de dinero.

En lugar de la típica entrevista de trabajo, Y recibirá una suma considerable que tendrá que manejar diligentemente si quiere merecer la confianza de su futuro empleador. Éste usurpará el nombre de una empresa de prestigio para que Y no sospeche nada si consulta su identidad en un buscador de internet. Las instrucciones le serán facilitadas por teléfono.

A Z le han contratado directamente. ¿Su primera misión? Transferir a Y una suma de dinero desde una cuenta bancaria cuyos datos le serán facilitados también por telefono.

Y y Z reciben sus respectivas llamadas. Más tarde sabrán que una se hizo desde Papúa-Nueva Guinea y la otra desde Abjasia.

A Z le piden que, con los datos robados a X, transfiera 100.000 euros a Y. A Y le piden que, cuando reciba este dinero, lo reenvíe a W residente en Mauritania, a través de una empresa de envío de remesas.

X descubre la sustracción y reclama a su banco y denuncia ante la policía. El banco revisa los registros de su servidor. Tras arduas investigaciones se consigue dar con Z.

Y ya no tiene el dinero. Lo ha transferido a un tal W en Mauritania.

Y y Z tienen un serio problema , se les acusa de estafa y/o blanqueo de dinero. Sus posibilidades de defensa son grandes, pero verse envuelto en un procedimiento penal es en sí mismo una condena.

Hallar a los culpables raya en lo imposible

Historias como éstas se esconden tras los duros a cuatro pesetas que nos venden en el correo basura. Image

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